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Los Impedimentos para salir de la crisis política

Por Germán Peralta Rivera

Resulta sumamente interesante comenzar a considerar cómo serán los resultados de las elecciones de abril del próximo año. Con la cantidad de pretendientes, los resultados serán un fandango. Nadie alcanzará más del 20%. Los electores tendrán treinta rutas para elegir y los ganadores solo serán candidatos con ridículos porcentajes. Una vez más, el país escenificará el triste espectáculo de inmadurez cívica y permanente crisis política.
Hasta el momento, las opciones no se han enriquecido. En muchos movimientos prima el continuismo. Las viejas figuras prosiguen en su afán de acentuar aún más la crisis política más profunda del país. Pese a ser los causantes del descrédito de la vida política del siglo XXI, prosiguen tercamente en actividad. La impresión es que no comprenden que su ciclo ya concluyó, que sus figuras, por su continuo trajín o desaciertos, están devaluadas. Lo peor de todo es que, con tal actitud, en sus agrupaciones impiden el surgimiento de nuevos cuadros o profesionales que muy bien podrían dar brío y renovar la política peruana. Con tal egoísta decisión, aparecen equivocadamente como los únicos capaces de candidatear, impidiendo que sus propios correligionarios tengan la posibilidad de representar a sus agrupaciones y bloqueando así la democracia.
Esta práctica, con certeza, el joven sociólogo alemán Robert Michels la llamó “la oligarquía de hierro”. Consideraba que los dirigentes y especialmente los parlamentarios distorsionaban e impedían el desarrollo de la democracia en los partidos políticos, pues ellos y sus operadores políticos, mediante mecanismos de poder, impedían la alternancia democrática.
La política es dialéctica: los hombres pasan, las ideas quedan. En el Perú no quieren aceptar esta evidencia lógica. Los políticos, en su mayoría sin cultura y sin ideas, buscan continuar con el manejo político. La experiencia no debe saturarse de continuismo. La renovación de las ideas es indispensable. Y esta siempre la abanderan los jóvenes y quienes construyen, dentro de sus agrupaciones, alianzas intergeneracionales. Sin renovación no hay futuro ni salida de la crisis.

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