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Ica se queda sin agua

La sobreexplotación agroindustrial vacía los acuíferos y condena a comunidades enteras a la sed

Especialista y perito ambiental advierte que la extracción descontrolada de agua subterránea por parte de grandes agroindustrias en Ica, Villacurí, Lanchas y otras cuencas del país está agotando acuíferos que tardaron miles de años en formarse.

El especialista ambiental Kevin Ismael Cornejo Carhuamaca, perito ambiental acreditado por el Colegio de Ingenieros del Perú (CIP) colocó sobre la mesa una de las crisis ambientales más silenciadas del Perú: el agotamiento progresivo e irreversible de los acuíferos de la costa peruana producto de la sobreexplotación hídrica de grandes operaciones agroindustriales orientadas a la exportación.

La región Ica, reconocida internacionalmente por su producción de espárragos, uvas, arándanos y otros productos de agroexportación, se ha convertido paradójicamente en el emblema más dramático de la crisis hídrica peruana. Estudios técnicos y reportes de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) han documentado el descenso sostenido del nivel freático en los acuíferos de Ica y Villacurí durante las últimas dos décadas, un proceso que se ha acelerado a medida que la frontera agrícola se expandía impulsada por la demanda de mercados internacionales.

“En Ica estamos viendo algo que los especialistas ambientales describimos como una tragedia de los comunes en su versión más extrema: el recurso compartido —el agua subterránea— está siendo privatizado de facto por quienes tienen los pozos más profundos y las bombas más potentes. Los agricultores pequeños y las comunidades se quedan sin agua mientras los grandes exportadores llenan contenedores de espárragos con destino a Europa», expresó.

Cabe precisar que el acuífero de Ica es un sistema de agua subterránea fósil, es decir, acumulada durante milenios bajo condiciones climáticas distintas a las actuales. Su tasa de recarga natural es extremadamente lenta e insuficiente para compensar el volumen extraído anualmente por los miles de pozos operativos en la cuenca. Según información técnica disponible, el nivel del agua subterránea en algunas zonas de la cuenca de Ica ha descendido varias decenas de metros en los últimos veinte años, poniendo fuera del alcance de los agricultores medianos y pequeños un recurso que antes era accesible con pozos de poca profundidad.

Esta situación ha derivado en una carrera hacia el fondo: quienes tienen capital perforan pozos más profundos para seguir extrayendo, lo que acelera el descenso del nivel freático y expulsa del sistema a los que no pueden costear perforaciones más profundas. El resultado es una concentración progresiva del acceso al agua en manos de los actores económicamente más poderosos.

Cornejo Carhuamaca advirtió que la problemática no se limita a la cuenca de Ica. El acuífero de Villacurí, ubicado entre las provincias de Ica y Pisco, enfrenta una presión similar derivada de la expansión agroindustrial sobre terrenos eriazos que requieren de agua subterránea como única fuente de abastecimiento. En la zona de Lanchas, en la provincia de Palpa, el patrón se repite con cultivos de olivo y vid que consumen volúmenes de agua que el sistema no puede reponer.

“Estas son zonas desérticas. El agua que se extrae no vuelve. Cada litro bombeado es un litro que se pierde para siempre del acuífero”, señaló el experto.

Un problema que se replica en otras cuencas del país

Asimismo, Cornejo Carhuamaca identificó patrones similares en otras cuencas costeras peruanas donde la agroindustria de exportación ha crecido sin una gestión hídrica sostenible: La Libertad y Lambayeque con el cultivo de arándanos y espárragos, Piura con la expansión de la uva y el mango, y Arequipa con la producción de páprika y orégano en zonas semiáridas. En todas estas regiones, el crecimiento del sector agroexportador ha superado con creces la capacidad de los sistemas hídricos locales para sostenerlo.

“El Perú exporta agua. Cada kilo de espárrago que sale por el Callao lleva incorporados cientos de litros de agua subterránea que nunca van a recuperarse. Eso no está mal per se, siempre que haya una gestión racional del recurso. El problema es que no la hay. Estamos subsidiando con agua fósil los márgenes de rentabilidad de empresas que no pagan el costo real de lo que consumen», remarcó.

Propuestas urgentes para revertir el colapso hídrico

El especialista presentó un conjunto de medidas que deben ser implementadas de manera inmediata por el Estado peruano. En primer lugar, una auditoría hídrica integral de todos los pozos operativos en las cuencas en estado de sobreexplotación, con suspensión temporal de las licencias que superen los volúmenes sostenibles. En segundo lugar, la implementación de tarifas reales de uso del agua subterránea que internalicen el costo de agotamiento del recurso, con un fondo de compensación para agricultores familiares afectados. En tercer lugar, la obligatoriedad de sistemas de riego tecnificado y de reciclaje de agua para todas las operaciones agroindustriales que superen las cincuenta hectáreas. En cuarto lugar, el establecimiento de cuotas máximas de extracción vinculantes, con monitoreo en tiempo real de los niveles freáticos y sanciones efectivas para quienes las incumplan.

Cornejo Carhuamaca hizo un llamado directo al Congreso de la República para que legisle con urgencia sobre la gestión de acuíferos sobreexplotados, y a la Autoridad Nacional del Agua para que ejerza sus facultades de fiscalización sin contemplaciones frente a los grandes actores económicos. “El agua no es un insumo de producción infinito. Es un bien público escaso, y su gestión debe estar al servicio del interés nacional y de las generaciones futuras, no de las exportaciones del próximo trimestre”, concluyó.

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