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Cuando la democracia habla, el Perú debe escuchar

Por encima de nuestras diferencias políticas está el deber de preservar la unidad nacional

Maestro Iván Torres La Torre

Los resultados de esta segunda vuelta presidencial muestran una elección extraordinariamente ajustada. Si la tendencia actual se confirma y Keiko Fujimori resulta proclamada presidenta por los organismos electorales competentes, el principal desafío para el país no será electoral, sino democrático: aceptar el resultado y preservar la estabilidad nacional.

La democracia no garantiza que todos queden satisfechos. Su fortaleza radica precisamente en permitir que las diferencias políticas se resuelvan mediante el voto y no mediante la confrontación. Respetar el resultado de las urnas no significa renunciar a las propias convicciones; significa respetar las reglas que todos aceptamos antes de participar en el proceso electoral.

Es comprensible que muchos ciudadanos mantengan reservas o discrepancias respecto a la figura política de Keiko Fujimori. Sin embargo, una cosa es la oposición democrática y otra muy distinta el desconocimiento de un resultado legítimo. La experiencia demuestra que cuando las tensiones políticas escalan más allá de los cauces institucionales, quienes terminan pagando el costo son los ciudadanos, la economía y la gobernabilidad del país.

Por ello, cualquier expresión de protesta debe desarrollarse dentro del marco constitucional y del respeto mutuo. La protesta es un derecho; la violencia, no. La discrepancia es legítima; la desestabilización institucional, no. El Perú necesita firmeza en las ideas, pero también responsabilidad en las acciones.

Hoy más que nunca debemos recordar que somos una sola nación. Ninguna región vale más que otra, ningún voto tiene mayor legitimidad que otro y ningún sector representa por sí solo al Perú. Nuestra diversidad es una fortaleza, no una razón para la fractura.

Si finalmente Keiko Fujimori es proclamada presidenta, tendrá la obligación de gobernar para todos los peruanos. Del mismo modo, corresponderá a la oposición fiscalizar y expresar sus diferencias dentro del marco democrático.

En momentos como este, la patria exige serenidad, madurez y sentido de nación. Porque al final, más importante que la victoria de una candidatura es que el Perú continúe avanzando en paz, respetando sus instituciones y fortaleciendo su democracia.

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