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“SEA CUAL SEA EL DELINCUENTE… PERUANO O EXTRANJERO, IGUAL CAERÁ”

Entrevista picante al Cnel. PNP Juan Carlos Montufar Lezama, jefe de la División de Robos de la Dirincri

Por: Alejandro Arteaga

Con voz firme, sin titubeos y mientras se ajusta el chaleco táctico listo para salir a otro operativo, el Cnel. PNP Juan Carlos Montúfar Lezama, jefe de la División de Robos de la Dirincri, lanza una advertencia que retumba en los pasillos de la sede policial:

“Sea quien sea… delincuente extranjero, delincuente peruano… cuál sea su nacionalidad, igual será capturado. La Policía va a actuar de manera contundente, sin miedo, así intenten desprestigiarnos”.

Sus palabras no son solo una postura institucional: son la respuesta frontal a una criminalidad que no se detiene, que se reinventa, que ahora opera con violencia extrema. Y aun así, Montúfar mantiene la mirada fija, firme, sostenida por un respaldo ciudadano que reconoce su trabajo y el de su equipo. Pero del otro lado, la amenaza es real, creciente, cada vez más cruel.

Desde el primer piso de la Dirincri, rodeado de mapas, evidencias, fotografías y reportes de inteligencia, el coronel recuerda cómo, en medio del éxodo venezolano, miles llegaron huyendo de la crisis… pero entre ellos también entraron los que buscaban seguir delinquiendo.

“Un delito trae a otro… y así encontraron espacios, detectaron nuestras debilidades, reconocieron territorios vulnerables y siguieron avanzando”, señala con un dejo de indignación.

“FIRME GRACIAS A DIOS”

Montúfar sabe que su trabajo incomoda, que golpea intereses oscuros. Por eso su familia y él mismo cuentan con seguridad. Pero para él, su principal protección no es la escolta:

“Mi primer soporte es Dios. Salgo cada día pidiendo su bendición, no solo para mí y mi familia, sino para todo mi personal”. Aun así reconoce que las amenazas existen, son directas y constantes. Otro pilar en su trabajo y ejemplo a seguir, es la memoria y los valores que le inculcó su padre, un reconocido policía con intachable carrera dentro de la institución, que con orgullo nos muestra una foto de él, que lo acompaña en su oficina.

Organizaciones criminales buscan quebrar su determinación, hacerle retroceder, sembrar miedo. Pero él insiste: alguien tiene que enfrentarlos. Y en esa lucha, dice, su equipo está completamente comprometido, aun cuando trabajan mañana, tarde y noche, al límite del agotamiento.

UNA CRIMINALIDAD MÁS VIOLENTA, MÁS ATREVIDA

Los nuevos rostros del delito ya no ocultan su brutalidad.

Exhiben armas, territorios y poder con total desprecio por la ley peruana.

Montúfar lo describe con crudeza:

“Estas organizaciones criminales extranjeras han demostrado ser altamente lesivas. Enfrentan a la autoridad sin dudarlo y no respetan ninguna norma del país que los recibe”.

Menciona a “Los Gallegos del Tren de Aragua” y “Los Hijos de Dios”, grupos que operan con una estructura casi militar, donde la violencia no es un riesgo sino una herramienta, y el miedo una estrategia para controlar territorios, extorsiones y economías ilegales.

El mensaje es claro:

La guerra contra estas bandas no es solo policial, es una lucha diaria por evitar que la violencia se normalice, por impedir que el crimen organizado dicte las reglas. Y en esa batalla, el coronel Montúfar se mantiene firme, amenazado, cansado… pero de pie dando la cara por su país.

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